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Rafael Nadal levantó dos mangas ante Robert Kendrick en la segunda ronda de Wimbledon 2006.

Nadal: La Primera Gran Remontada En Wimbledon

El español sobrevivió a una épica segunda ronda en la edición de 2006.

Cuando Rafael Nadal ingresó en la Centre Court para disputar la segunda ronda de 2006, pocos podían anticipar la enorme épica que estaba por suceder.

Apenas 19 días después de ganar la copa de Roland Garros, el mallorquín se disponía a buscar plaza en tercera ronda e igualar así el mejor resultado de su carrera sobre la hierba de Wimbledon. Si alguien pensaba que un objetivo de ese calibre equivalía a un trámite para el español, la realidad pronto se encargaría de desmentirlo.

El segundo cabeza de serie perdió los dos primeros sets y hasta en dos ocasiones vio la eliminación a dos puntos de distancia ante el No. 237 mundial Robert Kendrick, al que terminó venciendo por 6-7, 6-3, 7-6, 7-5, 6-4 tras casi cuatro horas de esfuerzo. Un pulso no apto para cardíacos donde el mallorquín demostró una capacidad de sufrimiento sin límite.

En un partido vertiginoso como pocos Nadal necesitó asumir la potencia de su rival, coronado por un poderoso servicio, una derecha como un látigo y una intención constante de abrochar puntos desde la red. Competir en Londres exige hacerlo más allá del reflejo, llegando al puro instinto para tener voz en los encuentros.

“Siempre que he tenido 15-30, 0-30, ha jugado con muy buenos servicios y voleas”, reconoció el español, angustiado por un Kendrick desatado, que apiló hasta 32 saques directos y un 81% de efectividad con su primer servicio. Una auténtica piedra sobre césped. “Si quería tener una opción necesitaba mi mejor actitud”.

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Con apenas 20 años y una voluntad infinita, Nadal se encomendaba a uno de los retos más extremos del deporte: remontar dos mangas sobre césped. Y el español lo consiguió sin atajos de ninguna clase: sobrevivió a un desempate en la tercera manga, sirvió para mantenerse en el torneo en el cuarto set y apenas una rotura le dio la victoria en el parcial definitivo.

Con un triunfo trabajado al límite, su figura en Wimbledon comenzó a tomar tintes icónicos. Con los pantalones a la altura de la rodilla, camiseta sin mangas y un fervor permanente, celebrando cada punto como si del triunfo se tratase, Rafa levantó a la grada de la Centre Court, siempre comedida en las formas.

“Es la primera vez que juego ante él, pero sé que lo da todo en pista y sabía que no se iba a rendir”, reconoció un Kendrick exhausto tras rozar una enorme sorpresa. “Tiene un gran espíritu de lucha. Va a ser capaz de remontar dos mangas en muchos más torneos en el futuro”.

La victoria fue un impulso decisivo para Nadal en Londres. Con el acceso a la tercera ronda el español rompió su techo en el césped británico, citándose con el antiguo campeón estadounidense Andre Agassi por un puesto en los octavos de final. Sería el comienzo de unos días inolvidables en la capital británica y una absoluta demostración de adaptación.

“No sé si lo haré bien en esta edición, pero quiero estar preparado para este torneo en el futuro. Siempre digo que aquí me pongo un objetivo: jugar un buen torneo en los próximos dos, tres o cuatro años”. Apenas once días más tarde, Nadal estaría jugando su primera final de Wimbledon.

¿Sabías Que?
El partido llegó a tener tintes dramáticos más allá de lo puramente deportivo. A los once minutos de juego, y para asombro de todos los asistentes, uno de los jueces de línea se desplomó sobre la hierba de Londres. La incidencia obligó a detener el partido inmediatamente hasta que el árbitro recibió la pertinente atención médica y recuperó el sentido. Ante el aplauso general, fue sacado de la cancha en silla de ruedas como medida de precaución. La megafonía del estadio, frenando la conmoción, informó a los asistentes de que simplemente se trataba de un desmayo.

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